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CLUB
María José Turró: la salvadora del acta fundacional del RCD Mallorca

La exsecretaria del club impidió que el documento acabase en la basura o quemado durante las tareas de traslado de las oficinas de la calle Pius XII al Lluís Sitjar

Hay figuras que han pasado a la historia del RCD Mallorca por sus goles, paradas o partidos jugados. Otras, por su notable labor desde los banquillos o los despachos. Y hay algunas, menos reconocidas y mediáticas, que también han sido fundamentales desde la sombra.

Es el caso de María José Turró, exsecretaria del club cuando sus oficinas se encontraban en la calle Pius XII, justo enfrente de la Plaza de Tortugas. Junto con sus compañeros de oficina, se encontraba realizando tareas de mudanza, gestión y organización de papeles, documentos, etcétera porque la sede del RCD Mallorca se traladaba a otra ubicación: el Lluís Sitjar. Lo que servía, se trasladaba. Lo que no, "se quemaba o se tiraba", según la extrabajadora.

Durante el desarrollo de esas tareas, María José entró en una habitación repleta de objetos y encontró, prácticamente despapelado, un libro que le llamó la atención. Era el acta fundacional del RCD Mallorca, que fue salvado de la posibilidad de que desapareciese sin que nunca más se supiese del paradero del documento más importante de la historia de la entidad.

"Cuesta creerlo", admite Miquel Alzamora, periodista del diario Última Hora y responsable de dar a conocer la hazaña de María José. 

"Tenemos que poner el contexto: ella tenía 17 años, pero tuvo la inteligencia y la capacidad de visualizar que aquel documento no podía estar traspapelado ni se podía tirar a la basura, sino que era un documento muy importante", explica Alzamora.

El periodista asegura que lo que hizo María José fue "fundamental" porque él cree que de no haber sido por su labor, "no tendríamos un soporte real de lo que fue la fundación del RCD Mallorca".

La exsecretaria del club, que muchos años más tarde pudo volver a acceder al acta fundacional, admitió estar "emocionada" y sin acabar de atreverse a volver a tocar un documento trascendental que ella mismo salvó siendo solo una adolescente.